Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Descansará sobre ellos vuestra paz
Lc 10, 1-12. 17-20

Concede a nuestra vida, Señor, tu sabiduría.
Ayúdanos a abstenernos de las palabras que son muros que te ocultan;

palabras en las que el amor no emerge.
Palabras defensivas como barreras de alambre o arrojadas hostilmente como piedras.
Palabras que no nacen de la escucha sino de la sordera interior.
Palabras que cotorrean orgullo y jactancia, que paralizan la comunicación,

que no permiten más que palabras.
Que nuestro corazón se abra al silencio activo, presente y comprometido,

que es la marca de la hospitalidad verdadera.
Danos la fuerza de insinuar, en los inviernos rutinarios de las relaciones, la rama verdecida,

la inesperada flor, la irreprimible invitación que tú me haces a un renacer.

José Tolentino Mendonça

Feliz domingo

A mi hermano en el ministerio, Noel Antonio;
en el VI aniversario de su ordenación presbiteral…

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

Sábado XIII del Tiempo Ordinario

¿Es que pueden guardar luto mientras el esposo está con ellos?
Mt 9, 14-17

Vela, oh Dios mío, con aquellos que velan o lloran esta noche, y que tus ángeles cuiden a los que duermen.
Cuida a los enfermos, oh Jesucristo, Señor nuestro, da descanso a los fatigados, bendice a los agonizantes, alivia a los que sufren, compadécete de los afligidos, protege a los dichosos.
Y todo por tu amor.

Aurelio Agustín, 354-430
(san Agustín de Hipona)

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

Lunes XIII del Tiempo Ordinario

Sígueme
Mt 8, 18-22

Mi corazón está como tierra agrietada por la sequia.
Es una sed vital: sed de sosiego, de verdad, de luz, de amor, de lo infinito.
Dame, Señor, tu Espíritu, que sienta su corriente, que estallen las flores, que cuajen los frutos.

A mi hermano en el ministerio, José Antonio;
en el XIII aniversario de su ordenación presbiteral…

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

Domingo XIII del Tiempo Ordinario

Tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adondequiera que vayas
Lc 9, 51-62

Estate, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tu sin mí te vas.

Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú me das
sé que alcanzarla no puedo
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas.

Damián de Vegas (s. XVI)

A mi hermano en el ministerio, Fco. Javier;
en el XXIII aniversario de su ordenación presbiteral…

A mi hermano en el ministerio, Juan Carlos;
en el I aniversario de su ordenación presbiteral

Feliz domingo

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

Viernes XI del Tiempo Ordinario

Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón
Mt 6, 19-23

Padre nuestro que ves nuestro dolor, nuestro llanto, nuestras dudas, nuestros miedos a la muerte, a la angustia, a las sombras de la nada, lo mismo que Jesús en el Gólgota, en el huerto…
Ya sabes que esperamos tus abrazos y los abrazos vivos de todos nuestros muertos, cuando el mundo dé el salto hacia su cumbre, cuando venga sobre todos la gracia de tu reino.
Danos el pan de la esperanza cotidiana y perdona nuestros pasos torcidos, nuestros pasos tan lentos que tantas tentaciones y males nos retrasan.
Por eso te decimos con gozo y confianza: Padre nuestro.

Víctor Manuel Arbeloa Muru

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

Martes XI del Tiempo Ordinario

Amad a vuestros enemigos
Mt 5, 43-48

Dios, a veces me siento como en el desierto donde la vida es difícil, donde domina la duda, donde reina la oscuridad, donde faltas tú.
El desierto es un paso para quien te ha elegido, un paso para quien te ama, un paso necesario en la vida.
Dios, tú me envías la prueba, pero también la fuerza para superarla; tú me das el desierto, pero también la fuerza para seguir.
Es fácil sentirte en la alegría, es sencillo descubrirte en la naturaleza, pero es difícil amarte en el desierto.
Dios, en la noche del dolor, en la oscuridad de la duda, en el desierto de la vida, no me hagas dudar de ti.
No te pido que me liberes del desierto, sino que me ayudes a caminar contigo.
No te ruego que me evites el desierto sino que me hagas caminar hacia ti.

Autor desconocido

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

Pentecostés

El Espíritu Santo os lo enseñará todo
Jn 14, 15-16. 23b-26

Ven, Espíritu de santidad,
ven, fuego de amor,
ilumina esta tierra con tu luz.
Ven, protector de los pobres,
ven a llenar nuestros corazones de alegría.
Lava nuestra mancha,
riega el desierto árido,
cura a los enfermos,
anima a los tristes,
guía a los vagabundos

Feliz domingo; Aleluya, Aleluya

Dios fuerte y misericordioso,
que destruyes las guerras y derribas a los soberbios;
aparta de nosotros la destrucción y las lágrimas,
para que todos podamos llamarnos,
en verdad, hijos tuyos.
Por Jesucristo, Nuestro Señor