Martes II de Adviento

Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños
Mt 18, 12-14

¡Hazte presente en mi vida, Dios del consuelo!
Abrázame y sáname con tu ternura.
Y la esperanza que enciendes en mi corazón
dará entusiasmo y energía a mis brazos
para consolar a mis hermanos.

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II Domingo de Adviento

-obra: El profeta de Pablo Gargallo

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»»
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»
Mt 3, 1-12

Nuestra sociedad actual le da más valor a las cosas por su apariencia que por su calidad. Elegir darle prioridad a nuestros valores morales es más importante que elegir vivir por nuestra apariencia física. Nosotros no queremos ser como esas frutas que se ven lindas por fuera pero están dañadas por dentro. Nuestros valores morales deben ser cultivados diariamente de la misma manera que nos preocupamos por lucir mejor cada día. Así como sacamos tiempo para compartir con nuestro Padre Celestial y aprender un poco mas de la Palabra de Dios. Cultivar nuestra alma cada día nos traerá más satisfacciones que cultivar solo nuestro cuerpo. Aprendamos a tener balance y cuidar de nuestro interior al igual que cuidamos de nuestro exterior.

Reflexión al versículo 8 del Evangelio de hoy,
en Un momento con Dios de Ana Ruth Camero-Munger

Feliz domingo