Lunes II del Tiempo Ordinario

El esposo está con ellos
Mc 2, 18-22

Señor, en el silencio de este día que comienza vengo a pedirte la paz, la prudencia, la fortaleza.
Hoy quiero mirar al mundo con unos ojos llenos de amor.
Ser paciente, comprensivo, dulce y prudente; ver por encima de las apariencias, a tus hijos, como tú mismo los ves, y así no ver más que el bien en cada uno de ellos.
Cierra mis oídos a toda calumnia; guarda mi lengua de toda maldad.
Que solo los pensamientos caritativos permanezcan en mi espíritu.
Que sea benévolo y tan alegre que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia.
Revísteme de ti, Señor, y que a lo largo de este día, yo te irradie.

Leo Jozef Suenens​, 1904-1996

Domingo II del Tiempo Ordinario

Ese fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea
Jn 2, 1-11

Solo quienes sirven
(sobre Juan 2:1-11)
No hay persona que no quiera ser parte de la fiesta,
beber el vino mejor,
sentarse a la mesa abundante,
reír con quienes ríen,
amanecer bailando,

abrazar con fuerzas un instante feliz,
celebrar hasta que el cuerpo aguante…
Pero, no es allí donde se revela el misterio
ni es allí donde el milagro ocurre.
La gracia se manifiesta en la trastienda,
la gloria de Dios en Jesús se hace visible
en la cocina de la historia,
en el sitio donde se prepara el alimento,
donde mujeres y hombres
sudan junto al fuego encendido
y cargan las bandejas y las jarras.
Solo quienes sirven pueden ver el milagro,
solo quienes cargan el agua,
quienes llenan las tinajas vacías,
quienes no son parte de la fiesta,
quienes habían recibido el llamado al servicio.
Ellos y ellas experimentaron la alegría plena:
la de saberse parte de un secreto maravilloso,
que ni siquiera el novio o la novia jamás conocieron.
Ellos y ellas, obedeciendo lo que el maestro dijo,
vieron sus vidas iluminadas por el signo primero
de un reino que se anunciaba
no en la sala de baile,
no en las mesas abarrotadas de comida,
no en medio de la música estridente,
no entre quienes vestían sus mejores galas,
sino allí donde personas sencillas y humildes,
cuyos nombres no se conocen,
cumplen su tarea de servicio,
obedecen y creen
y experimentan el albor del mundo nuevo.

Gerardo Oberman

Feliz domingo

II Domingo del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.

Entonces l
es dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Jn 2, 1-11

Estas de racha. Este domingo también puedo traerte la reflexión al Evangelio de hoy del pastor Rubén de la IEE en Málaga. Disfrútalo: https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/second-sunday-after-epiphany-3/comentario-del-san-juan-21-11-4

Feliz domingo

Sábado I del Tiempo Ordinario

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores
Mc 2, 13-17

Compañero del camino, recibe el saludo del caminante. Señor de mi corazón roto; Señor de la despedida y el fracaso; del silencio gris de la caída de la tarde, ¡recibe el saludo de la casa ruinosa!
Luz de la mañana recién nacida, Sol del día perdurable, ¡recibe el saludo de la esperanza que no muere!
Guía mío, yo soy un caminante de un camino sin fin, ¡recibe el saludo del hombre
vagabundo!

Rabindranath Tagore, 1861-1941

Jueves I del Tiempo Ordinario

La lepra se le quitó, y quedó limpio
Mc 1, 40-45

Somos pobres, Padre Dios, y por eso pedimos que remedies nuestra indigencia.
Nosotros ponemos esfuerzo tenaz en penetrar las palabras de tus profetas y apóstoles, y llamamos con insistencia para que se nos abran las puertas de la comprensión de tus misterios.
Pero el darnos lo que pedimos, el hacerte encontradizo cuando te buscamos y el abrir cuando llamamos, eso depende de ti.

san Hilario de Poitiers, 315-368

Lunes I del Tiempo Ordinario

Convertíos y creed en el Evangelio
Mc 1, 14-20

Someternos a la voluntad de Dios es el primer paso para que podamos encontrar la verdadera paz. Tenemos que empezar por doblegar nuestras rodillas y humillarnos ante la presencia de Dios pidiéndole perdón, dirección y sanación. Dios nos ayudará a curar nuestras heridas, a corregir nuestros malos hábitos y a desarrollar sabiduría y aceptación. Cuando vivimos bajo el amparo de Dios podemos entender más fácilmente sus designios. Ya no nos desanimaremos si las cosas no salen como las hemos planeado. No nos ofuscásemos si encontramos obstáculos en nuestro camino. No nos desilusionaremos si nos rechazan o abandonan porque sabemos que nuestro Padre Celestial siempre está con nosotros cuidándonos, guiándonos y protegiéndonos. Cuando aprendemos a seguir la voluntad de Dios nuestro corazón vive en armonía. No es fácil sentirse animado las veinticuatro horas del día pero la paz que Dios nos da en el corazón permanecerá con nosotros para siempre.

En Un momento con Dios
de Ana Ruth Camero-Munger

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