Tal día como hoy…

Mi vida es un instante, una efímera hora, momento que se evade y que huye veloz. Para amarte, Dios mío, en esta pobre tierra no tengo más que un día: ¡sólo el día de hoy!.

Tal día como hoy pasaba a la casa del Padre, María Francisca Teresa Martin Guérin (Teresa de Lisieux), 1873-1897

¿Quién o qué podría separarnos del amor de Dios? Nada ni nadie, responde el apóstol Pablo y lo atestigua Teresita. En medio de las pruebas y dolores, el amor de Dios siempre estuvo presente. Quien se siente amado por Dios, vive con amor y sirve con dulzura. Preguntémonos: ¿En qué situaciones cotidianas podríamos retribuir y agradecer el amor de Dios, siendo también personas amorosas?

Trazos y rostros de la fe,
de Harold Segura

¿Quién podrá arrebatarnos el amor que Cristo nos tiene? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, el miedo a la muerte?… Pero Dios, que nos ha amado, nos hace salir victoriosos de todas estas pruebas. Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni potestades cósmicas, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes sobrenaturales, ni lo arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura, será capaz de arrebatarnos este amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Rom 8, 35. 37-39

29 de septiembre: Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles

Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón
Ap 12, 7-12a

Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María
Lc 1, 26-27

Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la gloria del Señor
Tb 12, 15

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Jn 1, 47-51

Las palabras de Jesús en este evangelio nos pueden resultar un tanto enigmáticas si no recordamos el relato del Génesis. En él, Jacob ve una escala que une el cielo y tierra y por la que los ángeles suben y bajan. Esa visión le lleva al patriarca a reconocer que está en un lugar sagrado. al remitir a este texto del Antiguo Testamento, el Maestro está sugiriendo que él mismo es ese «lugar sagrado» en el que se unen el cielo y la tierra. Cualquier otra mediación divina, incluso los ángeles, está subordinada a él. Jesucristo es quien nos permite acceder al Padre, la escala que nos muestra quién es Dios.

Ianire Angulo Ordorika, esse

Martes XXVI del Tiempo Ordinario

Tomó la decisión de ir a Jerusalén
Lc 9, 51-56

Señor, Dios Salvador, te pido que nos libres del orgullo oculto y del deseo de que los demás nos estimen.
Te suplicamos, Señor misericordioso, que nos concedas el don de la pobreza.
Señor, tú viniste al mundo para enseñarnos a amar a nuestro prójimo, como nos amamos a nosotros mismos.
Tú nos enseñaste a través de toda tu vida que servir a los pobres es preferible a todas las cosas.
Ayúdanos a comprender que no es dejarte a ti cuando te dejamos por ir a los pobres.
Tú quisiste ser pobre, te manifestaste entre los pobres: en ellos, Señor, te encontramos; y sirviéndoles a ellos, te servimos a ti.

san Vicente de Paúl, 1581-1660

Lunes XXVI del Tiempo Ordinario

No llores tú, hijo mío. ¡Qué malos deben de ser esos que siempre te están regañando sin motivo!
¿Te han llamado sucio porque cuando estabas escribiendo te manchaste de tinta los dedos y la cara?

¿Y no les da vergüenza?
¿Se atreverían a llamar sucia a la luna nueva porque se ha tiznado la cara con tinta?
Hijo mío, por cualquier cosilla te culpan. Todo lo tuyo les parece mal.
¿Qué te rompiste tu ropita jugando? ¿Y por eso te llamarón destrozón? ¡Y no les da vergüenza!
¿Pues qué dirían de la mañana de otoño cuando sonríe detrás de las nubes rajadas?
Pero no les hagas caso, hijo mío. ¡Qué bien contaditas te tienen tus faltas!
Todo el mundo sabe lo goloso que eres. ¿Y por eso te llaman tragón? ¿Y no les da vergüenza?
Entonces, ¿cómo nos llamarían a nosotros porque tú nos gustas tanto que te comeríamos a besos?

Rabindranath Tagore, 1861-1941

A mi hermano en el ministerio, Mario, IEA;
en el II aniversario de su ordenación presbiteral.

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

Recibiste bienes, y Lázaro males:
ahora él es aquí consolado, mientras tú eres atormentado
Lc 16, 19-31

Qué sabiduría espiritual tienen aquellas personas que no se dejan simplemente devorar por la exigencia de grandes cosas que parecen reclamar siempre más alto nuestra atención.
Sino que reservan un tiempo cada día para celebrar las cosas pequeñas de la vida: la luz de la mañana, el cruce nada indiferente de una sonrisa, el sabor íntimo del pan, la belleza también visual de una palabra, el toque de un silencio que reverbera en la tarde, un gesto gentil, el recuerdo de alguien que nos ilumino y cuya luz permanece, el espacio gratuito de una oración…
Quien así vive no siente la agresividad que parece ser el inevitable motor de búsqueda de nuestro presente; sino que ayuda a los otros en el difícil, paciente y apasionante arte de vivir.
Que el Espíritu nos vuelva sensibles a la vida minúscula y nos conceda escuchar en los pequeños detalles el latido de lo infinito.

José Tolentino Mendonça

A mi hermano en el ministerio, Marco A., IEA;
en el I aniversario de su ordenación presbiteral.

Feliz domingo

Sábado XXV del Tiempo Ordinario

El Hijo del hombre va a ser entregado. Les daba miedo preguntarle sobre el asunto
Lc 9, 43b-45

Ya hoy es otoño.
Quisiera haber pasado por el mundo viviendo para todos , aunque sin ser de nadie;

no dejando estancias vacías con los muebles usados; ni de amor ni de duelo.
Pero no ha sido así: he buscado cobijos y he dañado.
Hoy quiero despedirme de mí mismo, huyendo de puntillas,

curioso solo por la luna nueva donde Tú me seduces:
a ti me acojo y a la esperanza verdeante del caudal del Costado.

Francisco Espinosa Roji, sj