Lunes I de Adviento

Vendrán muchos de oriente y occidente al reino de los cielos
Mt 8, 5-11

«Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Estas palabras las dije tantas veces
en la Eucaristía, sin pensarlas ni sentirlas…
Pero hoy, con todo lo que soy, te digo:
«¡Una palabra tuya bastará para sanarme!»
Creo que puedes sanarme,
devolver la esperanza,
traer paz al corazón.
Sé que no soy digno,
pero creo que
tu bondad es mayor.

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