Viernes XXVI del Tiempo Ordinario

Quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado
Lc 10, 13-16

Querido Dios, hace tiempo que quería escucharte y que tú me escucharas.
Me atreví a escribirte oraciones cuando en realidad lo que debería haber hecho era cerrar los ojos y abrazarte sin más.
derramarme despacio como resina sobre árbol viejo. Herido, angustiado, moribundo, pero consolado y vivo.
Me atreví a escribirte, pudiendo haber dejado en blanco los folios de mi futuro, para que me grabaras a fuego sobre alguno de ellos, uno de tus poemas.
Uno de esos que a mí tanto me gustan y con el que siempre provocas mi esperanza o mi fe.
Tú, mi Dios, querencia de mi verso hacia otra verdad mucho más ágil, más robada del silencio, más autentica.
Y aquí estoy contigo ahora para borrar ese miedo de mis ojos y zambullirme pausado en la marea clandestina de tus lágrimas.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s