Tal día como hoy…

Mi vida es un instante, una efímera hora, momento que se evade y que huye veloz. Para amarte, Dios mío, en esta pobre tierra no tengo más que un día: ¡sólo el día de hoy!.

Tal día como hoy pasaba a la casa del Padre, María Francisca Teresa Martin Guérin (Teresa de Lisieux), 1873-1897

¿Quién o qué podría separarnos del amor de Dios? Nada ni nadie, responde el apóstol Pablo y lo atestigua Teresita. En medio de las pruebas y dolores, el amor de Dios siempre estuvo presente. Quien se siente amado por Dios, vive con amor y sirve con dulzura. Preguntémonos: ¿En qué situaciones cotidianas podríamos retribuir y agradecer el amor de Dios, siendo también personas amorosas?

Trazos y rostros de la fe,
de Harold Segura

¿Quién podrá arrebatarnos el amor que Cristo nos tiene? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, el miedo a la muerte?… Pero Dios, que nos ha amado, nos hace salir victoriosos de todas estas pruebas. Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni potestades cósmicas, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes sobrenaturales, ni lo arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura, será capaz de arrebatarnos este amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Rom 8, 35. 37-39

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