Martes II del Tiempo Ordinario

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado
Mc 2, 23-28

Las buenas acciones que el Cristiano realiza no hay que entenderlas como dinero para comprarse el cielo, sino que se deben realizar en sintonía con el Espíritu Santo y con Cristo.
De este modo adquieren valor eterno y permiten transformar nuestro mundo para que brille con gloria eterna.
¿Y la muerte? Es esencialmente un elemento destructor, pero en unión con Cristo se convierte en material constructivo para la renovación del mundo.

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