Jueves XXIV del Tiempo Ordinario

Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho
Lc 7, 36-50

Me duele tu luz cuando desvela mis sombras y me enfrenta a una verdad demasiado amarga de aceptar.
Me duele, y a menudo siento temor y vergüenza, no de Ti sino de mí, de no ser capaz de abandonarme a la debilidad que me configura y de permanecer en la oscuridad que la cubre y la engalana.
Me duele tu luz cuando deslumbran mis comodidades y seguridades, y me lanza a amar lo indeseable y abrazar la humillación y el desamor.
Y a pesar de todo, amo este dolor y lo deseo con toda el alma, porque lo sé transformador, como el fuego del fundidor o el jabón de hacer colada.
Sí, deslúmbrame y hiéreme, Amor, y no permitas que el miedo me aleje nunca de tu estancia.

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